La historia de la conquista de Jericó comienza con el profeta Josué, que fue elegido por Dios para liderar a los israelitas en la tierra prometida después de la muerte de Moisés.
Jericó era una ciudad fortificada, es decir, estaba rodeada por unas gigantescas paredes, en la que vivían los cananeos, una tribu enemiga de los israelitas (la tribu de Josué).
Cuando los israelitas llegaron a esa tierra, Josué envió dos espías a Jericó para observar la ciudad y descubrir cómo podrían tomarla. Pero no sabían con certeza como tomar la ciudad.

Dios da instrucciones a Josué para tomar Jericó
Entonces Dios dio a Josué instrucciones muy específicas sobre cómo tomar la ciudad:
3 Cercaréis pues la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez: y esto haréis seis días. 4 Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carneros delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas á la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. 5 Y cuando tocaren prolongadamente el cuerno de carnero, así que oyereis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará á gran voz, y el muro de la ciudad caerá debajo de sí: entonces el pueblo subirá cada uno en derecho de sí.
Y así hicieron. Primero, Josué y a sus soldados marcharon alrededor de Jericó durante seis días consecutivos. Durante esas seis vueltas, los sacerdotes debían llevar trompetas y tocarlas mientras el pueblo marchaba alrededor de la ciudad.
El séptimo día, después de dar siete vueltas alrededor de Jericó, Josué ordenó a los israelitas que gritaran y las murallas de Jericó se derrumbaron, permitiendo que los israelitas tomaran la ciudad.
Este plan, dado por Dios, llevó a la caída de Jericó y permitió que los israelitas conquistaran la ciudad de manera milagrosa.
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